jueves, 23 de diciembre de 2010

Es navidad en Zacatecas



La Navidad es un tiempo de alegría para los niños porque la ilusión de los regalos trasciende cualquier otra consideración. Para muchos adultos, sin embargo, el festejo tiene inevitablemente un dejo de tristeza.



No hay en México una fiesta con mayores raíces en la familia que la Navidad. Esto le da una belleza especial a la celebración, pero también es la razón fundamental de su tristeza.



En Navidad recordamos con frecuencia a los seres queridos que hemos perdido. La primera Navidad sin un padre o un hermano duele en el alma, y por supuesto no hay forma de calificar aquella en que se ha perdido a un hijo. Estas heridas las puede quizá matizar el tiempo, pero cuando llega la Navidad, la más familiar de las fiestas, los recuerdos se agolpan sin control. No importa mucho el tiempo que haya transcurrido tras la pérdida de la persona amada.



La sociedad contemporánea nos ha dado, es cierto, muchas libertades y oportunidades, pero también pérdidas que en Navidad alcanzan su sentimiento más intenso. Algunas familias toman la decisión de separarse por razones buenas o malas. La decisión nunca es sencilla: suele estar marcada por las dudas y el sufrimiento. Una vez que el trance ha quedado atrás, la vida regresa a la normalidad y se forjan de hecho nuevas familias de las cenizas de las anteriores. Pero en la Navidad se agolpan inevitables las culpas y las tristezas.



La Navidad es un festejo universal y diverso. Se trata por supuesto de una celebración religiosa cristiana. Es verdad que realmente no sabemos cuando nació Jesús y que la fecha del 25 de diciembre, elegida por la Iglesia siglos después del suceso, es tan buena o mala como cualquiera. Pero la fiesta se crea originalmente para celebrar este nacimiento y toda fiesta de nacimiento es gozosa.



Muchas culturas alejadas de la fe cristiana, sin embargo, han celebrado de una manera u otra el solsticio de invierno que actualmente cae entre el 21 o el 22 de diciembre. La celebración del día más corto del año en el hemisferio septentrional es quizá siempre difícil, porque el invierno suele ser la época más dura del año. Sin embargo, en todas las culturas este festejo ofrece un toque de esperanza, porque sabemos que, una vez alcanzado este punto, los días se irán alargando gradualmente hasta llevar al reino del sol en la primavera y el verano.



Hay algo en el ambiente en los últimos días de diciembre que obliga a la reflexión. Quizá sea el aire frío. O el hecho de que los rayos del sol nos llegan más inclinados que en cualquier otro momento. O que los días son demasiado cortos y la noche nos cubre antes de que estemos anímicamente preparados para ella.



Lo que yo puedo decir en lo personal es que desde la infancia no veo la Navidad como un tiempo de gozo sino de reflexión. Los regalos ya no me entusiasman; y de hecho estoy ya en una época de la vida en que gozo más con lo que doy que con lo que recibo.



Pero quizá lo más importante es que, detrás de la tristeza, hay también un sentido de esperanza. Como el que representó el nacimiento de Jesús o el que han anunciado desde siempre los festejos del solsticio de inverno de tantas culturas en el mundo.



Texto tomado de sergiosarmiento.com
SIGLO NUEVO
Sergio Sarmiento
Jaque Mate.

Las imagenes corresponden al nacimiento ubicado en la Plaza Miguel Auza, Zacatecas